domingo, 10 de agosto de 2008

La piel fría de Albert Sánchez Piñol

Ante todo, tengo que decir que tenía bastante interés en leer La piel fría de Albert Sánchez Piñol porque me la habían recomendado fervientemnete, incluso mi intención era leerla en catalán, idioma en el que se escribió.


No soy muy aficionada a leer cincia ficción y en ese aspecto la novela me ha dejado un poco indiferente, sin embargo es un libro que si lo lees con paciencia y prestas atención a cada párrafo le puedes sacar muchísimo jugo.


En principio el argumento es bastante sencillo: un ex activista del Ira es destinado a una isla perdida para llevar a cabo un estudio atmosférico, una vez allí encuenta a su predecesor que vive en el faro y que no ha abandonado la isla. Ambos acaban atrincherados en el faro para defender la que consideran su isla de unos seres acuáticos que les atacan por la noche.


Sin embargo, el libro va mucho más allá, el autor hace una metáfora de la condición humana, de la necesidad del hombre de defender el territorio y te lleva a la conclusión de que el hombre siempre encuentra un enemigo con el combatir y con el que poner en práctica la ley del más fuerte. El irlandés Kollege representa al intelectual que intecta sobrevivir en la batalla, en un principio se deja llevar por el fuerte pero conforme empieza a cuestionarse la naturaleza de la batalla se da cuenta de que la solución no es combatir sin dialogar. Caffo es el superviviente, antes morir combatiendo que rendirse, en un momento determinado llegó a plantearse lo mismo que su compañero, pero le pareció más fácil luchar que buscar otro tipo de solución y cuando Kollege intenta hacerle razonar decide morir con las botas puestas.


También aparece el papel de la mujer, encarnado una cicauta (nombre que ponen a los seres acuáticos) a la someten, maltratan y con la que satisfacen sus necesidades sexuales. Una visión primaria, de esclavitud, que puede llegar a herir la sensibilidad del lector, sobre todo, si es mujer.


Sánchez Piñol te deja ver todo esto a través de una acción trepidante, combina momentos explosivos con las reflexiones de Kollege sobre su compañero, el cariz que está tomando la situación y sobre su propio comportamiento y deseos.


Es un libro cirular que te indica que la historia se repite y que el hombre es destructivo por naturaleza.


No es una novela ligera de verano, se la recomiendo a los que les gustan las lecturas concienzudas, para los lectores que les gusta ir más allá de lo aparente.

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